El Real Madrid puso fin a la jornada 20 de La Liga en un Santiago Bernabéu marcado por la tensión y el componente simbólico de la temporada. El equipo madridista llegaba a la cita tras caer en la final de la Supercopa frente al FC Barcelona y después de quedar eliminado en la Copa del Rey ante el Albacete, en un escenario de fuerte presión tanto deportiva como para la afición.

El conjunto blanco encaró el duelo frente al Levante en lo que significó el estreno de Álvaro Arbeloa como local en el Bernabéu y su segundo encuentro al mando del equipo sumando su primera victoria como técnico. Además, Arbeloa vivió la jornada en una fecha especial, coincidiendo con su cumpleaños número 43, en una temporada  condicionada por el bajo estado de confianza de una plantilla que atraviesa una fase complicada, además con la presión y decepción de la afición.

El clima en el Santiago Bernabéu era como una bomba apunto de estallar tras un historial de decepciones recientes y un desgaste prolongado que venía mostrando desde hace meses. Las protestas no distinguieron jerarquías y alcanzaron incluso a lo más alto, con cánticos dirigidos a Florentino Pérez reclamando su renuncia. El enojo de la afición sólo se controló por el triunfo frente al Levante, resuelto tras el descanso con los goles de Mbappé y Asencio.

El Madrid tenía toda la posibilidad para calmar a la grada desde el inicio del partido, pero el problema volvió a ser el de siempre: La soberbia, la falta de visión y la falta de fútbol . El equipo se mostró impreciso en todos los aspectos, sin ritmo, sin presión y sin capacidad para jugar en colectivo. Defendió y atacó de una manera mediocre. La primera parte resultó especialmente alarmante para todos los aficionados del Real Madrid y para el colectivo técnico, otra jornada más de una temporada irregular. Solo se realizó un disparo a portería, inofensivo, un cabezazo incómodo de Gonzalo tras una falta lateral ejecutada con falta de habilidad y sin convicción, reflejo del desconcierto general.

En el Bernabéu pasaban más cosas en la grada que sobre el campo de juego. El Levante, cómodo y ordenado, se defendía con cinco atrás y cuatro en el medio sin tanto problema. Cuando le robaba la pelota a los del Madrid, salían rápido, pero fallaba siempre definir en el último pase o en el remate. Pablo Martínez lo intentó sin éxito y solo en una falta directa estuvo cerca, aunque su disparo se marchó desviado de la red.

El Real Madrid ofreció una primera parte mediocre. Demasiado balón en horizontal, pases seguros y ningún pase con creatividad. La única ocasión clara fue un cabezazo forzado de Gonzalo y un remate cruzado de Mbappé tras un pase largo de Asencio.

Tras el descanso, Arbeloa hizo dos cambios con el equipo. Arda Güler y Mastantuono ingresaron al partido en lugar de Camavinga y Gonzalo, Por la derecha, el argentino ofrecía más voluntad que profundidad, pero la entrada del turco sí aportó lo que el Madrid no había tenido en todo el partido: pausa, último pase y química con Mbappé. Con Arda en el campo, el partido empezó a cambiar a favor de los blancos.

El propio Güler actuó primero con un disparo que obligó a Ryan a intervenir con una buena atajada, la jugada nació de una pared con Mbappé. En la acción del primer gol, el turco filtró un pase al espacio, Mbappé atacó el área con potencia y Dela cayó en la trampa de su regate, derribando a Mbappe. Penalti bastante claro, cobrado por el francés con calma al palo izquierdo marcando el primer gol. Apenas unos minutos más tarde, Arda volvió a aparecer en el partido. Cobró un saque de esquina medido y Asencio lo convirtió en gol de cabeza,

Con el 2-0, el Levante intentó levantarse y ser más intensos en su plan de ataque, pero volvieron a  mostrar su posibilidad en ataque. El Madrid tampoco transmitió sensación de superioridad y dominio. Un remate al área de Mastantuono y dos salvadas de Ryan ante Bellingham pudieron ampliar el marcador a favor del Madrid, aunque el marcador ya no se movió. Al final, el equipo blanco se conformó con asegurar la victoria y soportar el reclamo constante de un estadio cansado, más resignado que satisfecho con una victoria segura.

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